Carta de Evo a los indios derrotados de la historia

Por CEADL el 27 Enero, 2016, en Análicis y Opinión

Hermanos míos muertos en la resistencia anticolonial, ustedes, sus nombres y sus hazañas han sido uno de mis emblemas más útiles en estos 10 años de gobierno. He entendido qué cosa es gobernar, estoy sentado en la silla presidencial y hago cumplir mi voluntad. Hago que me teman mis adversarios, el país respira mi nombre. Ya no tengo dudas, las hazañas en las que ustedes murieron, la resistencia en la que fueron traicionados, sus fracasos no son los míos. Ya no soy sólo el primer indio presidente de América, no soy sólo un gobernante, soy un triunfador y no un derrotado, como ustedes.

Al principio de este gobierno ingenuamente pensé que la causa era más importante que yo mismo. Pensé ingenuamente que era más importante descolonizar que ser el indio presidente, hoy eso ha cambiado. No sólo soy yo más importante que la causa, sino que  la causa soy yo. He dejado de lado cualquier causa que no me sirva. En eso soy diferente a todos ustedes, los derrotados de la historia.

En las Fuerzas Armadas hubieron soldados que hablaron de descolonización y que se sublevaron contra los generales y sus injusticias. Yo sabiamente los apresé y me alié con los superiores. Acabé con ellos en poco tiempo, no me importaron las injusticias que esos jóvenes sufrieron, tampoco me importaron sus motivos.

Yo, para seguir gobernando, me alié con los fuertes y por eso tengo a las Fuerzas Armadas de mi lado. Les doy lo que me piden a cambio de que sea yo el presidente. Me contento con que griten patria o muerte, aunque los militares sigan siendo racistas y abusivos, aunque veneren a los militares dictadores, aunque exijan privilegios. Mientras sean evistas les daré todo lo que pidan.

La trama de mi poder con los movimientos sociales ha sido más lenta, pero también muy efectiva. Las pequeñas cabezas de todos los movimientos han rodado, todos los movimientos sociales han sido divididos, todos los movimientos han sido convertidos en evistas. Ahí, adentro, no se puede discutir ni estar en desacuerdo; el proceso de cambio soy yo, por eso cualquiera que me critique debe ser alejado de las organizaciones sociales.

Mineros, cooperativistas, cobistas, bartolinas, confederación de campesinos, todos están comiendo de mi mano. Ya no hay figuras en ningún movimiento; los dirigentes son todos mediocres sin voz, sin cara. No me importa que sean corruptos o que sean violadores o que sean abusivos, lo importante es que sean evistas porque el proceso soy yo.

Los humillo públicamente, en asambleas, frente a la televisión. Les digo gordos, les digo interesados, les digo utilitarios, igualito me aplauden y me tienen miedo. Los movimientos ya no tienen calidad, ni luchas, por eso están conmigo.

He ido tejiendo mi poder humillando, nadie tiene dignidad frente a mí, las mujeres tampoco. Uno de mis secretos políticos ha sido humillarlas públicamente constantemente y que se sometan. Públicamente les digo de todo, ministras incluidas, y calladas me aplauden porque yo soy el jefe. Ese no ha sido un detalle de mi poder, sino algo estratégicamente muy importante. En un país machista, humillar a las mujeres es políticamente muy útil.

Con los patrones de la tierra, con los grandes dueños del país, con los bisnietos de quienes los persiguieron y descuartizaron, también me he aliado. Agarré a unos cuantos como enemigos y logré desterrarlos para sembrar miedo en sus filas. Con ese miedo me senté con los demás a hacer un pacto secreto, les doy todo a cambio de que sean evistas. Hoy los empresarios son evistas y están contentos, ganan a manos llenas, siguen enriqueciéndose como siempre. Por mí no hay problema, siempre y cuando sean evistas.

En el caso de los medios de comunicación, la estrategia ha sido muy parecida: los controlo con la mirada. Las entrevistas conmigo no son entrevistas sino monólogos donde no tienen derecho de preguntar. Yo puedo ofenderles y reírme en sus caras. Puedo acusarles de ser de la derecha, pero ninguno tiene derecho de cuestionarme nada. Los que lo han hecho han perdido su trabajo y su espacio, y gracias a eso ninguno más se anima.

Soy el indio presidente, no me importa descolonizar, ni despatriarcalizar, ni transformar realmente nada. Voy por el país repartiendo obras pequeñas para los pueblos y repartiendo las obras grandes en beneficio de mi círculo de lealtad.

La lealtad conmigo es la clave de mi gobierno.

María Galindo es miembro de Mujeres Creando.

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