Situación de mujeres en Bolivia: precariedad y deterioro laboral

Por CEADL el 18 Octubre, 2016, en Derechos Humanos

Una reciente publicación del Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (Cedla), señala que “hoy más que nunca, las mujeres están más afectadas por empleos de bajos ingresos laborales, inestables y con acceso limitado a derechos sociales y laborales, vale decir, por empleos precarios”.

El informe se basa en un trabajo de Silvia Escóbar, Bruno Rojas y Giovanna Hurtado, investigadores del Cedla, según el cual la población femenina urbana en Bolivia “no sólo continúa trabajando en mayor número en el sector informal (donde los empleos generalmente son precarios), en actividades improductivas (comercio y servicios) y en puestos de menor calificación laboral, sino que viene afrontando un mayor deterioro de sus condiciones de inserción laboral que se traducen en segregación, discriminación en el trabajo y alto desempleo”.
En 2014, la tasa de desempleo femenino en las ciudades capitales del país fue de 6,7%, más alta que la tasa general (4,5%) y de los hombres (2,7%): “La desocupación tiene más rostro femenino”, destaca la investigación citada.
Los autores recuerdan además que al comenzar el siglo XXI, la flexibilización laboral y la mayor explotación de la fuerza de trabajo se generalizaron en América Latina y en Bolivia, “dejando claro que no era de interés del neoliberalismo el desarrollo e integración de la economía y la mejora de las condiciones de trabajo”.
El actual modelo económico (bautizado por el gobierno como Social, Comunitario y Productivo) siguió esta orientación, ya que “el empleo, los ingresos y otras condiciones laborales continuaron siendo las principales variables de ajuste para mantener una inserción subordinada en la economía mundial y para paliar los efectos de las crisis capitalistas sobre la economía nacional (…)”, lo que empeoró la precariedad laboral que afecta en mayor medida a las mujeres asalariadas e independientes.

Extensa precariedad laboral
Según el Cedla, tres son los indicadores  que permiten apreciar el grado de precariedad laboral que afecta a los trabajadores y trabajadoras: 1) estabilidad en el empleo, 2) la suficiencia de los salarios para cubrir el costo de una Canasta Normativa Alimentaria y 3) el acceso a la seguridad social.
Cuando una fuente de trabajo cuenta con todas estas condiciones se la considera como empleo pleno o de calidad, y cuando carece de las mismas es un empleo precario extremo.
Utilizando datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), los autores destacan que en 2014 solamente nueve de cada cien trabajadores en las ciudades capitales del país, tenían un empleo de calidad, menor al registrado en 2011. Diez de cada cien hombres ocupados y ocho de cada cien mujeres, gozaban de este tipo de empleo.
Entre las asalariadas, la proporción era un poco más del 18%, pero entre las independientes la cifra disminuyó a 1,4%, evidenciando que “los emprendimientos personales y familiares no son una ‘alternativa’ de generación de empleos de calidad”.
Contrariamente, en el mismo año 2014, 34 de cada 100 mujeres asalariadas y 75 de cada 100 trabajadoras independientes, contaban con empleos “con precariedad extrema”, o sea inestables, con ingresos inferiores a una canasta alimentaria que en 2014 ascendía a 2.263 bolivianos y sin seguro de salud ni aportes para la jubilación.
La investigación revela también que la precariedad laboral no sólo está extendida en el sector informal, donde las mujeres tienen participación predominante, sino también en el sector formal, evidenciando que “el capital terminó por imponerse sobre el trabajo, sin importar las formas de organización de la producción”.

Perspectivas para las mujeres trabajadoras
“La precariedad laboral extrema está bien instalada en el mercado de trabajo urbano del país, teniendo a las mujeres como a las principales afectadas”, y la profundización de esta situación se dio pese a la bonanza económica de los últimos diez años, “dejando en el discurso” la perspectiva Social, Comunitaria y Productiva  del gobierno, que no se manifestó en la mejora del empleo, especialmente para la población femenina, advierte el Cedla.
Los expertos consideran que, ante la crisis que se avecina,  “las perspectivas de una posible mejora de la calidad del empleo para las mujeres sencillamente se diluyen. Para las mujeres trabajadoras, bonanza y crisis vienen a ser dos contextos similares por sus efectos nocivos en su inserción laboral y condiciones de trabajo”.

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